Foto: moncayo.es
Moncayo, la compañía que, en su
momento, llegó a ser uno de los fabricantes de autocaravanas más importantes de España declara concurso
voluntario de acreedores.
La compañía resurgió tras un incendio en el 2003, pero
comenzó un descenso vertiginoso con el
comienzo de la crisis en el 2008.
A veces, una chispa insignificante puede llegar a convertirse en
un incendio feroz que acabe arrasándolo todo. Sin saberlo, el fuego fue el
principio del fin Moncayo, una compañía líder en su sector que llevaba de
vacaciones a cientos de familias. Casi medio siglo después de su nacimiento,
sus apenas cinco empleados recuerdan con nostalgia los años dorados en pleno
ocaso. El lunes, el Boletín Oficial del Estado publicaba la declaración de
concurso voluntario de acreedores. Aunque muchas voces afirman que la culpa de
este declive no solo la tuvieron las llamas.
El 13 de junio del 2003, dos terceras
partes de las instalaciones, ubicadas en Villanueva de Gállego, desaparecían
bajo las cenizas y, con ellas, más de un centenar de autocaravanas. Estas
"causas de fuerza mayor" obligaron a la empresa a solicitar un Expediente
de Regulación de Empleo (ERE) para 99 trabajadores, un ajuste que estrenó la
lista de medidas laborales que han terminado por aniquilar la plantilla casi en
su totalidad. La crisis del 2008 hizo el resto. Los que resisten llevan dos
meses sin cobrar sus nóminas, y los que fueron despedidos recibieron una
indemnización mínima de 20 días por año.
Los trabajadores también pusieron en
duda algunas gestiones que la empresa llevó a cabo con su compañía matriz y
dueña de buena parte de su capital, el concesionario Aranzauto, a la que
Moncayo compraba los chásis. Aseguran que, a principios del 2009, en la planta
había más de 200 autocaravanas listas para salir al mercado. Tres años después,
no hay ni rastro de los vehículos ni del dinero que se ingresó por su supuesta
venta. Los más antiguos de la plantilla no recuerdan vender semejante cantidad
de autocaravanas "ni cuando la economía iba muy bien", aseguran. A
partir de ahora, la administración concursal se encargará de la gestión de una
compañía herida... ¿de muerte?
Fuente: El Periódico de Aragón

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