-->

miércoles, 20 de julio de 2016

Un gran licor judío, Slivovitz

El brandy Slivovitz proviene de SLIV, palabra de raíz eslava que significa ciruela, y se refiere a una variante de brandy licor muy popular en algunos países del este de Europa



Si bien es poco conocido en España, en la actualidad sigue siendo inmensamente popular en Eslovaquia, Croacia, Polonia, Bosnia, la República Checa, Serbia, Hungary, Rumanía y Bulgaria donde se afirma como una de las bebidas nacionales. Martin Votruba, profesor de estudios de Eslovaquia en la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.), que investiga la historia del Slivovitz, estima que las ciruelas se destilaron como bebida alcohólica por primera vez entre los siglos xv y xvi, cuando los europeos comenzaron el cultivo doméstico de árboles frutales. "Parece que no había suficientes peras y las manzanas no eran lo bastante buenas para la destilación", dice Votruba. "Las ciruelas tenían una mayor cantidad de azúcar".

Es una bebida robusta, con gran contenido alcohólico, que en pequeñas dosis sienta muy bien; como todos los compuestos alcohólicos, es para beber con moderación.
El precio del brandy Slivovitz no está entre los más caros, varia entre los 10 y 35 €, si es un brandy muy añejo podría incrementar bastante más el precio. Existe una variedad Checa que puede alcanzar una maduración de 120 años.


Hasta finales de 1800, cuando la producción comercial comenzó a extenderse por toda Europa, Slivovitz era un preparado en pequeños lotes, por los cerveceros caseros y los dueños de tabernas de los pueblos. Sin duda, la clave de este licor fueron los matices regionales en función del tipo de ciruela disponible, la maduración, la calidad de la fermentación y los procesos de destilación. 

En un primer momento, el contacto con el brandy Slivovitz judío fue en gran medida circunstancial, como sucedió con otras bebidas y alimentos básicos de Europa del Este, como la sopa de remolacha. "Los judíos adquirirían esta bebida local después de pasar a los reinos europeos," dice Votruba. "Ellos simplemente lo recogieron como parte de la cultura".

Pero los lazos parecen ser más fuertes en el siglo XIX en el Reino de Polonia, donde los judíos habían acaparado el comercio de bebidas alcohólicas. Vistos por la nobleza polaca como bebedores responsables, los judíos se encargaron de la gestión de tabernas del reino, dice Glenn Dynner, profesor de Estudios Judíos en el Sarah Lawrence College y autor de la "Taberna de Yankel": "Judíos, Licor y la Vida en el Reino de Polonia". Como tal, estos taberneros judíos, dice Dynner, habrían tenido un conocimiento íntimo de la producción de Slivovitz, desde la supervisión de la cosecha de ciruela hasta la destilación para su preparación y venta.

En la actualidad hay unas 30 marcas en el mercado de la Unión Americana ortodoxa (en su mayoría provenientes de Europa), siete de esas marcas certificadas como Cashrut (que cumple con los preceptos, según la religión judía), incluyendo la fabricación checa de 120 años de edad, Jelinek y Zwack, la marca húngara conocida por su botella de color verde en forma de pera.

El brandy Slivovitz está muy lejos de convertirse en un bebida habitual en occidente; sin embargo, siempre mantendrá esa tendencia actual hacia lo artesanal, casi religioso, de las auténticas bebidas y productos alimenticios.